el blog del nigger: agosto 2012



viernes, 31 de agosto de 2012

México – Bogotá – Medellín – Jardín – Guatapé – Cartagena


Medellín.

La capital de Antioquia es realmente hermosa. Es una ciudad de casi 4 millones de habitantes que viven tranquilos, relajados y satisfechos; y eso es lo que se respira en el ambiente. La gente se ve que disfruta de la vida de una manera pausada y sin prisas. Me dejó una muy grata impresión el trato de la gente y voy a describir algunos detalles que se me hicieron curiosos y que creo que si algo deberíamos copiar de los “paisas” (como se les dice a los de Medellín) es lo siguiente:

1) Veníamos regresando de hacer algunas compras en un supermercado y tomamos el “bus” (microbús) para regresar al departamento de Érika. Llevábamos dos bolsas de súper y nos tocó ir parados. Una chica que iba sentada en el primer asiento se ofreció a sostenerle la bolsa a Érika en lo que pagaba el pasaje y después, cuando ya hubo pagado volvió a tomar la bolsa y la chica insistió en que ella podía llevarla, que a ella no le pesaba y así. Le agradecimos el gesto y pensamos que el gesto era específicamente de ella, pero cuando nos recorrimos un poco para atrás, otra chica nos dijo exactamente lo mismo, que si quería que ella nos llevara las bolsas que a ella no le pesaban… al parecer es un gesto propio de allá que, aún cuando no te ceden el lugar, te ayudan en lo que pueden.


2) Nos subimos al metro, que es mucho más espacioso que el de México, pero también menos atascado de gente. Estábamos llegando a una estación y se desocuparon tres lugares y nos sentamos juntos y en el de la orilla, el que estaba junto a la puerta, se sentó un señor. Al llegar a la estación entró una señora con un bebé en brazos y tras ella un policía que amablemente le pidió al señor que le cediera su lugar a la señora e inmediatamente se paró y se lo dejó. El policía se bajó y el viaje prosiguió sin más. Se me hizo curioso la forma de atención del policía que se preocupó por la señora hasta el grado de meterse al vagón para procurarle un asiento.

La ciudad de Medellín la puedo identificar con dos colores: el verde que le da la cantidad de árboles y vegetación, así como el color ladrillo, ya que prácticamente el 80% de las construcciones es con ladrillo como acabado y para las fachadas. Sean edificios de departamentos, oficinas o casas particulares, todo es con acabado de ladrillo y a veces con algún color “tierra” que combine en las partes lisas. Incluso es curioso ver desde lo alto todo color ladrillo y luego una casa pintada de azul o amarillo que desentona.

Al estar la ciudad ubicada en una cañada, prácticamente todo a los lados es cuesta arriba y las calles son muy sinuosas e inclinadas. Esto provoca que solo unas cuantas avenidas y la zona del centro tengan calles rectas, pero aún así no se hacen congestionamiento de autos tan agudos como en México; salvo un par de horas en la tarde, el tránsito es tranquilo.

También hay muy pocos autos y casi todos son compactos, pero lo que abundan son taxis y muchas motonetas. Es exagerado el uso de las motonetas como transporte particular y además son unos cafres, aunque en general no tienen mucha cultura del peatón que nunca tiene la preferencia. Pero por otro lado, son muy respetuosos de las señales de tránsito, al grado de esperarse 3 o 4 semáforos para dar una vuelta y no invadir otro carril para hacerlo más rápido.

Jardín

Sin embargo, la infraestructura carretera de Colombia en general es mala, ya que por tanta montaña y cerros, prácticamente no cuentan con autopistas y trayectos que en línea recta apenas son 100 o 200 km en autobús se tardan hasta 6-7 horas en recorrerlo.

Justo fuimos a un pueblito al sur de Medellín que se encuentra en línea recta a unos 100 km, pero el camión hace 3 horas para llegar hasta allá y todo el camino es sinuoso de solo dos carriles (ida y vuelta) y sin pintar siquiera la línea de en medio. De hecho el autobús ni siquiera era un autobús de pasajeros como los que conocemos en México, sino una versión corta y más maniobrable a la que le caben como 20 pasajeros nada más.

Llegamos a Jardín a media mañana justo en la plaza principal que tenía muchos locales alrededor que atienden a sus clientes en mesas al aire libre dentro de la plaza. El pueblo es muy pequeño, ya que solo tiene unas 4-5 cuadras hacia los lados de la plaza. En uno de las mesas de un local nos esperaba Don Jaime, el guía que nos llevaría a conocer la Cascada. Se puso de acuerdo con su gente para que nos preparan dos caballos y una mula para él.



Nos llevó en motorratón (una motoneta capaz de llevar a 2 o 3 pasajeros en una cabina adaptada, estilo bici-taxi) hasta su rancho donde emprendimos el recorrido a caballo de unos 3-4 km a través de cerros verdes con una panorámica espectacular hasta llegar a otro rancho de alguno de sus parientes donde emprenderíamos la caminata río abajo para llegar a la cascada. Era la primera vez que me subía a un caballo y tuvo el mal tino de irme en shorts, lo que provocó que las correas de la montura me rasparan todo el muslo durante el trayecto.


Al llegar al rancho donde dejamos los caballos comimos un fiambre, que consistía en un poco de carne asada, arroz, yuca, pepas, huevo cocido y patacones, todo envuelto en hoja de plátano pero bien sabroso y sobre todo, abundante. Ya comidos salimos río abajo por una vereda entre los árboles donde nos tuvimos que ayudar con cuerdas para bajar. Recorrimos yo creo que unos 500 metros más o menos y al fin llegamos a la cueva, de donde cae una cascada muy bonita y si no es porque no traía traje de baño, me cae que me hubiera metido a nadar en el laguito que se forma debajo de la cascada. Es indescriptible la belleza natural que se encuentra ahí y que además tuvimos la fortuna que con el sol que caía en cierta parte, se formaba un arcoiris a nuestros pies.

Regresamos por los caballos hasta el rancho de donde salimos y cuando dejó de llover regresamos a Jardín. Paseamos por Jardín y llegamos a una vereda que de verdad era muy bonita, además de que recorrimos nuevamente la plaza ya con más actividad que en la mañana y pudimos comer en un restaurante muy acogedor.

Al día siguiente fuimos a pescar trucha a unos 5 km arriba del pueblo donde crían a las truchas y las terminan echando a unos estanques donde se pueden pescar fácilmente. Érika pescó dos truchas y yo una en espacio de unos 40 minutos más o menos. Luego de pescarlas nos hicieron esas mismas truchas para comer en el restaurante del lugar. Ahora sí que nada más fresco. Después fuimos a “la garrufa” que es un teleférico muy rústico que conecta el pueblo con otras viviendas, pero que da una vista espectacular del mismo, ya que se encuentra en lo alto de las montañas. Jardín es un pueblo que está considerado patrimonio de Colombia y lugar turístico y sí se ve mucha gente de paseo, en especial ese fin de semana que era festivo.



Guatapé

Otro lugar considerado patrimonio es Guatapé que es una zona cuyo paisaje ha sido moldeado por la represa de Guatapé. Al hacer la represa en 1979 sepultaron un pueblo que se llama Peñol. Todas las personas que vivían ahí fueron indemnizadas y construídas nuevamente sus viviendas, casas y hasta iglesia. En el lugar donde se ubicaba el pueblo se le conoce como Peñol Viejo y desde el agua solo se ve una cruz que fue construida en el sitio donde se ubicaba la iglesia.

Antes de llegar al pueblo de Guatapé se pasa por Peñol (que en realidad no tiene mayor atractivo) y por la Piedra del Peñol que es un monolito que se eleva por encima de todos cerros de alrededor y ofrece una vista panorámica increíble del embalse. Para llegar a la cima uno debe de recorrer mas o menos unos 800 m de una pendiente para llegar a la base de la piedra y de ahí subir 740 escalones para llegar a la cima. La escalera trepa por lo que yo supongo fue el desagüe natural de la roca cuando llovía y aunque uno llega bufando hasta ahí, la vista lo compensa todo.



Al bajar fuimos ya, otra vez en motorratón a Guatapé que es un pueblito muy pintoresco con casas de colores brillantes y que todos tienen la particularidad que la parte de abajo están decoradas con cuadrados con alguna imagen. Es decir, cada casa o comercio tiene su color normal y en la parte de abajo, como si fuera el escudo de esa casa, cuadrados de otro color enmarcadas con una figura (casa, animal, símbolo, etc.) alrededor de toda la fachada. Se me hizo curioso y me imagino que los habitantes de ahí identifican las casas por esa decoración más que por la calle y número (“el que vive en la casa de los pelícanos” o “la tienda de los rombos”).




Ya estando en Guatapé tomamos una lancha para pasear por el embalse y llegar al museo del Peñol Viejo que se ubica en la única casa que sobrevivió a la inundación del embalse y por eso lo hicieron museo con la historia del pueblo y objetos rescatados del mismo. Lo que se me hizo muy curioso es que en la casa-museo hay un estanque que era donde se bañaban los antiguos dueños y ahí es donde los turistas echan sus monedas y piden un deseo, pero el guía nos explicó que cada cierto periodo recogen las monedas del estanque y con el dinero que juntan compran juguetes a los niños necesitados; así que, aunque no se les cumpla su sueño al echar la moneda, sí se cumple el sueño de un niño con su juguete. Es la primera vez que me entero del uso que le dan a las monedas que arroja uno al agua.

Cartagena de Indias

Dando un contraste muy grande con las otras visitas a Jardín y Guatapé, Cartagena es una ciudad turística en el Caribe colombiano. Se dice que ahí estuvo la fortaleza española más importante de Sudamérica y tiene varios fuertes que lo demuestran. La ciudad está divida en tres partes, la ciudad amurallada, la zona hotelera y el resto. En el resto, la ciudad no es bonita, sino más bien como la parte de Acapulco que no da a la costera o a Punta Diamante, pero las otras dos partes valen mucho la pena, además de las islas al sur que son visitas obligadas.

Originalmente solo existía la ciudad amurallada que tiene un perímetro de 11 km y el único acceso por tierra cuenta con el fuerte de San Felipe de Barajas, que es el más grande de Sudamérica, además de que contaba con una pequeña isla con el fuerte de San Sebastián de Pastelillo. Dentro de la ciudad amurallada se encuentra un ciudad de mucho colorido, con estructuras coloniales y pequeñas plazas donde se encuentra la Plaza de Santo Domingo, el Palacio de la Inquisición, el parque Bolivar, la torre del Reloj y la Iglesia de San Pedro Claver. Incluso en el centro de convenciones es donde se realiza todos los años la Señorita Colombia que manda a Miss Universo.



La zona hotelera parte de la ciudad amurallada hacia el sur como una península que delimita el acceso del mar conocido como Boca Grande. La zona tiene, además de los principales hoteles, calles comerciales que tienen todo tipo de artesanías y recuerditos pero especialmente los vendedores son atosigantes; basta con que te  vean viendo la mercancía para que no te los quites de encima y con uno que te quiera vender se acercan otros y otros. Y otro detalle molesto es que para todo tocan el claxon y sin embargo, nadie hace caso. Los taxistas y carros se paran donde sea obstruyendo el paso y luego, luego le tocan el claxon, pero nunca logran que el otro se apure y sin embargo, esos mismo que tocan se paran con la misma parsimonia; además de tocar el claxon a la gente que va caminando para ofrecerle el servicio, pfff.



Desde la zona hotelera, tanto a mediodía como en la tarde-noche se hacen recorridos en unos camiones folclóricos llamados “chivas” al que le caben como 40 personas, donde el tour incluye guaro (aguardiente de Colombia), refrescos, música en vivo (ballenato) y un “pasabolas” (botana) consistente en una arepa de huevo. Dentro del recorrido te llevan a un zona de la ciudad amurallada donde te subes justamente a la muralla cerca de la casa del escritor Gabriel García Márquez. Aún cuando cada chiva tiene un recorrido particular, todas las chivas (unas 17 según nos dijeron) se juntan ahí en la muralla donde se juntan los músicos de todas las chivas para seguir la fiesta. En la noche, el recorrido termina en una disco exclusivamente para los que se subieron a las chivas.

Otra actividad que no puede faltar es la visita en lancha a las islas del Rosario. Para ello la lancha no sale por boca grande, ya que en su momento, los españoles para evitar la entrada de piratas, puso una muralla submarina a lo largo de los 2 km que delimita lo que ahora es la zona hotelera con la isla del Loro. Al sur de la isla del Loro se encuentra la isla de Barú y cuyo acceso es boca chica donde sale todos los barco. A ambos lados del acceso están dos fuertes, uno de ellos se llama San Fernando de Bocachica y el otro no recuerdo cómo se llama, pero en su fuego cruzado los cañones de un fuerte alcanzaban la cubierta y los mástiles y los del otro el casco de las embarcaciones.

Pasando por ahí se toma mar abierto bordeando la isla de Barú hasta llegar a las Islas del Rosario donde una de las más importantes es la Isla Grande que tiene pequeñas bahías donde cada empresa que ofrece el recorrido tiene una playa exclusiva para sus clientes. Desde ahí se ofrecen los servicios de nadar en mar abierto de poca profundidad, snorkel, buceo y paseos en kayak, además de una visita al acuario que está en otra isla. Varias de esas islas son controladas por el gobierno debido al deterioro que presentaban y en ellas no se puede construir infraestructura hotelera.




Lo que es una lástima es que, tanto en la zona hotelera de Cartagena, como en la Isla Grande, la playa es fea. En Cartagena es muy sucia (así como Acapulco en semana santa) y ser una bahía de poca profundidad la arena enturbia el agua y se ve muy obscura. En las islas del Rosario el suelo de la playa tiene muchas piedras, corales y plantas y no se puede caminar tranquilamente pero ahí sí el agua es cristalina. Al parecer en Barú sí hay playas con arenas blancas como las típicas del Caribe pero requiere otro paseo particular.
Obvio que nos tocó muuuuuucho calor los días que estuvimos en Cartagena ya que estuvimos como 30°C – 35°C y sudábamos con apenas caminar media cuadra.

Bogotá

Esta ciudad tiene 8 millones de habitantes y queda pendiente en mi siguiente visita a Colombia, al igual que Santa Elena, Bucaramanga y Cali.

Nigger

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