el blog del nigger: Siguen las quejas



viernes, 1 de junio de 2012

Siguen las quejas


¿Por qué será que la gente no puede separar las acciones de una persona o administración y tienden a calificarla toda como mala o buena? Hace unos años hablé sobre el mandato de Augusto Pinochet en Chile. Obviamente me llovieron críticas sobre que era un monstruo, genocida, incapaz de hacer algo bueno en su vida, seguramente de niño le jalaba el pelo a las niñas, copiaba en los exámenes y le quitaba las alas a las abejas y moscas. De adolescente tuvo que haber sido pandillero, renegado, grosero, depravado y hasta violador, porque no se puede esperar nada bueno de este personaje de la historia. Claro que yo hablé de su política económica, pero pues eso no importa, seguro también quería quitarle sus centavos a los pobres y que se murieran de hambre mientras amasaba una fortuna.

Obvio que no es así, todos hacemos cosas buena y cosas malas (y en “todos” te incluyo a ti lector, así como me incluyo a mí). Unos más que otros, pero nadie puede hacer siempre cosas buenas, así como tampoco se la pasa uno haciendo cosas malas. ¿Ejemplos?

Vuelvo a poner el caso de nuestro actual presidente Felipe Calderón. Hace un par de meses dio un detallado resumen de los logros de su administración y al escuchar dicho informe parece que no todo está tan mal. Pero luego, luego salieron los detractores que por el hecho de que ha habido una cantidad alarmante de muertos en la lucha contra el narcotráfico, todo lo demás no vale y minimizan todos los logros; claro que tampoco todo es miel sobre hojuelas (luego van a decir que yo apoyo a Calderón y tampoco es el caso).

Vino también en este año el papa Benedicto XVI a Guanajuato y no faltó quien lo tachó de hipócrita, pederasta, y demás adjetivos que se le atribuyen a alguna o muchas de las personas relacionadas a la jerarquía eclesiástica. ¿Es el Papa el culpable de todo eso? No, pero igual se lo achacan. Al igual que criticaron que se gastó una cantidad de dinero exagerada en los preparativos y medidas de seguridad para el Papa por parte del Gobierno Federal, mientras hay millones de pobres en el país. Supongo que se debió repartir ese dinero entre los pobres, pero seguramente al hacerlo, alguien le hubiera encontrado alguna falla y las críticas seguirían.

No justifico las acciones del gobierno, pero tampoco critico haciendo alusiones a otras cosas que no vienen al caso, como por ejemplo: recuerdo cuando Salinas Pliego compró los derechos de Canal 13 y Ricardo Rocha se la pasó enlistando todas las obras públicas que se pudieron haber hecho con la cantidad que ofertó en la licitación. ¿Qué tenía que ver una cosa con la otra? Si todo el dinero que se gasta en cosas que, a nuestro muy particular juicio, no son tan importantes como dar dinero a los pobres o construir hospitales y escuelas, entonces ¿por qué esas personas no dejan de ir al cine, comprar ropa de marca, o venden su coche, para ir a dar ese dinero a los pobres?

Supongo que es más fácil no hacer algo pequeño y exigir a los demás que hagan algo grande, pero bueno allá cada quién con lo que critica. Yo por mi parte he aprendido a ver más de un aspecto en las personas. Sé que puedo seguir siendo subjetivo a la hora de admirar o desestimar a alguien, pero ya no soy tan categórico como para polarizar su conducta. Bastan dos ejemplos:

  1. Sigo sin tragar a López Obrador. Sigo creyendo que llevaría el país a una situación similar a Venezuela con Chávez, pero no dejo de reconocer que tiene aspectos positivos que no tienen los otros, como su posición respecto a un estado verdaderamente laico.
  2. El segundo ejemplo es, digamos, más mundano: no me cae nada bien el entrenador del Real Madrid, José Mourihno. Es pedante, grosero, altanero pero no por eso deja de ser un gran entrenador que le infunde a sus equipos una mentalidad ganadora. Si estuviera como entrenador de Chivas creo que haría del equipo uno ganador en todos los aspecto, pero no por eso me va a caer bien.


Los pobres y el dinero

Ahora, retomando el asunto de los pobres, les voy a dar una contundente declaración: LOS POBRES NO SE ACABAN DÁNDOLES DINERO. A los pobres no les soluciones la vida regalándoles los insumos, medicinas o cualquier otra cosa que consideramos necesaria, ya sea en dinero o en especie. Claro que tampoco es que si les das dinero no pasa nada; probablemente les soluciones un problema inmediato de liquidez, pero no les soluciones sus grandes problemas que conlleva la pobreza.

A los pobres lo que hay que darles es trabajo (bien) remunerado. Ese es el verdadero problema y aquí es donde se pone la cosa peliaguda. La pobreza puede darse por dos causas principales y hay quienes alegan que hay pobres solo por la primera causa que voy a mencionar:

  1. Los pobres son pobres porque no quieren trabajar. Efectivamente hay muchos (si no es que la mayoría) que no les gusta trabajar, se vuelven apáticos y solo buscan la caridad de los demás para subsistir.
  2. Los pobres son pobres porque no han tenido oportunidades en la vida. Aquí está el meollo del asunto: si un estado se regenera a las bases del capitalismo, debe de proveer a sus gobernados de tres cosas básicas: seguridad, educación y salud. En cuestión de seguridad, es obvio que se ha canalizado a los cuerpos de policía, en salud, a los servicios de seguro social y seguro popular, pero justo en educación es donde se deben de generar las condiciones para que en el futuro laborar de los estudiantes se den las oportunidades que deben de tener todos. Una mentalidad de superación, cooperación y civismo permiten que se den las creaciones de empleo necesarias para que una sociedad se pueda sostener económicamente y se erradique la pobreza como mal social. En este caso de las oportunidades no se está cumpliendo y es la razón por la que siguen existiendo pobres por esta causa.


¿Porqué entonces tendríamos que criticar que el dinero no se canalice de manera directa a los pobres? Eso no les da las oportunidades ni las condiciones para salir de su pobreza, al contrario, solo es un paliativo que termina por hundir más a las personas en su propia condición.

De cara a las elecciones presidenciales es mas común esta polarización de las características malas o buenas de las personas (en este caso, candidatos) y se pierde objetividad a la hora de decidir quién puede ser el mejor.

Se los voy a ahorrar: Ninguno es bueno. Ninguno va a cumplir lo que está prometiendo. Todos tienen en su equipo gente corrupta y que busca solo sus intereses propios. Entonces ¿por quién votar? Bueno, en lugar de ver lo malo de los contrincantes, debemos verle sus lados positivos, porque en la medida que puedan potenciar esas “buenas intenciones” se podrán crear las oportunidades de crecimiento (particular, empresarial, estatal y nacional) que todos deseamos.

¿O tú que piensas?

Nigger

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1 Comments:

Blogger JIFF dice...

La respuesta es que hay mucha gente inmadura (o bandeja) que no se ve en el espejo y encima sigue con una visión de Blanco o Negro.
Chingao, la vida es muy compleja, una infinita gama de grises y estos monitos que lo viven, se les olvida

lunes, junio 04, 2012 2:39:00 a. m.  

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